Hacerte un lío contigo misma y caer. Y más bajo no se puede caer cuando ya estás en el suelo.
Supongo que lo he intentado, he fracasado y lo he vuelto a intentar. ¿Misma respuesta? La misma idiota.
Mejor que se quede ahí, en el suelo.
sábado, 28 de diciembre de 2013
domingo, 27 de octubre de 2013
La mentalidad de los inocentes.
Creer en el puro sentido de la palabra, cuesta. Creer con la
fe incuestionable de quien observa y no imagina, de quien está fuera de
secuencia o de quien se ha perdido para no volver, es puramente hipocresía. La
crítica existe.
Preguntemos el porqué, cuestionemos los principios y las
cosas que se dan por hecho. Hagamos inocente lo que nos rodea malgastando los
colores, las canciones y la ropa, llevando el uso al fin. Inventemos sombras
inexistentes, ruidos y juegos en los que siempre se gana. Por favor.
Imaginemos para creer, para crecer.
Porque la fe más insalvable es aquella que el adulto cree y
el niño se cuestiona.
Perdidos.
miércoles, 16 de octubre de 2013
Dedicatorias.
Desde lo que nadie lee para la tristeza que espera.
El anhelo.
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Las esperas que no duelen.
Cuando miras el vacío y el tiempo se detiene, tú también lo
haces.
Girar y verla ahí, sentada, a la espera. Su largo flequillo
y su observación.
Acaso, ¿perdura el recuerdo de aquel día, de aquel que tras
unos segundos de contemplación ambos se sacaron la lengua? Acaso, ¿existió ese
momento realmente?
Podremos llenarlo de miles de vacíos, como el lugar de aquel
instante, el porqué o el vestido que se puso para la ocasión, pero sólo
quedarán lenguas traviesas hambrientas de juegos y de palabras que pierden el
norte cuando las nombra otro.
Resulta curioso esto de la contemplación.
Resulta inmensamente
desproporcionado y ¿sabes por qué? Porque el vacío deja de existir, se
destruye. Lo hace si el motivo de la observación eres tú.
lunes, 8 de julio de 2013
Plasticidades.
He llenado mi vida de formularios, de horas de metro y esperas en largas colas sin fin para entregar papeles. Cuestionarios, no hacer nada, pereza desorbitada y aburrimiento crónico. Juegos de ordenador, armarios caóticos atestados de disfraces y zapatos impares, apuntes, libros y horas de televisión desperdiciadas. La nevera, la sed y otra vez la nevera. La observación y mirar una y otra vez el móvil, cada minuto. Con esperanza, ya sabes.
Hoy no hay sitio para la melancolía de los días solitarios y
calurosos de verano, hoy solo tengo tiempo que perder contigo.
martes, 18 de junio de 2013
Entre cortinas.
Muérdeme tan fuerte que se equivoque el orgasmo con el dolor imprudente de la piel.
Deja tú huella.
Como tu olor en mi pelo, como el
recuerdo de tu sonrisa en mi mente.
Átame de pies y manos. Destrúyeme.
Parte mis
labios con las ganas para después dormir con ellos. Sin sábanas, con la ventana
abierta y a gritos. Con los sueños desatados, con el viento enfurecido y con el
calor de una noche de verano.
martes, 7 de mayo de 2013
Labios de color rojo.
La tentación es tu olor en mi camiseta de dormir.
La piel desnuda y el roce de las sábanas entre mis piernas.
Ese olor, el tuyo. Evocador de todas las fantasías
mundiales. Musa de mis deseos más internos y del trazo circular que se desliza
suavemente bajo mi ombligo.
Tu olor. El tuyo en tu camiseta. Ahora la mía. ¿La que
utilizo para dormir?
A veces.
sábado, 27 de abril de 2013
Voy a ver volar los pájaros azules sobre mi hombro.
Morir no es un verbo bonito, pero tal y como muere, resucita en los labios. En los labios de quien lo pronuncia y en los oídos de quien lo escucha.
E imagino tú voz diciendo: Alba, y siento como resucito una vez más después de morir en un pensamiento.
¿Para qué más? no puedo poner más.
E imagino tú voz diciendo: Alba, y siento como resucito una vez más después de morir en un pensamiento.
¿Para qué más? no puedo poner más.
Me has hecho resucitar muchas veces.
martes, 12 de marzo de 2013
Insomnio.
No supo que decir.
Se abrió un extenso manto verde decorado por amapolas y
girasoles encarados al sol, por la brisa que mecía su vestido de tirantes y por
el silencio abrumador de la soledad. Se dio cuenta de la infinitud que baña las
cosas y también, de la finitud que las
seca unidas todas por el mismo nexo y por el sentimiento efímero que de ellas
se desprende.
Caminó sin rumbo fijo y en el vaivén del eterno baño de delicados átomos entrelazados,
se produjo la insolación. Todo se torno blanco y aparecieron cientos de puertas
entreabiertas de fondo oscuro. Pasó
frente a ellas y el olor le produjo nauseas, vómitos. Entre las miles de moscas
que invadieron la estancia revoloteando a su alrededor, gusanos a sus pies
pidiendo clemencia y los zapatos podridos, ella se hundió.
Se sumergió en el agua más pura y limpia que jamás habría
imaginado. Con cada bocanada respiraba oxígeno embriagador y sus pulmones se
llenaban de felicidad innata puesto que, ese oxígeno suponía una inversión más hasta el
fondo. Allí, en el fondo, conoció a las olas y juntas hicieron el amor uniendo
sus cuerpos hechos de materia y traspasando las formas a través de la espuma de
su movimiento. En los instantes que el agua estaba calmada ella quería leer,
escribir, dejar constancia de lo que estaba viviendo, componer sinfonías de papel
y pluma, hacer delicados pájaros que sobrevolaran el cielo estrellado y crear
cartas de purpurina para su amado. En los instantes que las olas no estaban,
ella tenía amantes de palabras. Entonces, comenzó a llover.
Observó como día tras día las nubes lloraban y la bañera en
la que ella nadaba, vencía ante tanto líquido. Como se aproximaba el fin o lo
infinito de la muerte. Como terminaba todo y empezaba de nuevo con un extenso
manto verde de hierba, con cientos de puertas sucias y de oportunidades desechadas,
con un largo más para llegar a los dos mil metros y con la apertura de un
paraguas en el portal antes de comenzar a caminar.
Y de pronto, supo que decir:
- Un pastel de cumpleaños, por favor. Con mucho
chocolate.
lunes, 11 de marzo de 2013
Domingos.
Con los pies fríos no se puede escribir a lápiz.
He lamentado mil veces las despedidas incautas, la fragilidad del último beso y decir adiós en lugar de hasta luego. Porque luego siempre volvemos a encontrarnos, el luego nunca se escapa.
He lamentado mil veces las despedidas incautas, la fragilidad del último beso y decir adiós en lugar de hasta luego. Porque luego siempre volvemos a encontrarnos, el luego nunca se escapa.
jueves, 28 de febrero de 2013
Otra temporada.
En la monotonía de sus paseos se descubre mirando al cielo,
observador de la levedad de las nubes, del sutil vuelo de los pájaros y de la
dimensionalidad del batir de alas de un avión. Su rastro. Han sido los kilómetros
ensombrecidos y enloquecidos, temerosos incluso de sus pasos, de la fuerza y la
orientación que desprenden éstos al vagabundear por las calles céntricas de la
cuidad los que, infinitos, decidieron
borrar sus huellas, deshacerse de sus caminos para siempre, de las historias,
de la fiel música en sus oídos y sepultar cada metro bajo la adversidad de
aquel que observa maravillado el dulce bailoteo de sus pies desde la distancia.
viernes, 8 de febrero de 2013
De paso.
El verso más bonito,
es aquel que se forma con tu aliento.
Cada punto, cada coma, cada interrogación,
cada silecio tras respiración.
Qué bella es la poesía
que forma tu nombre.
Cada letra, cada sílaba, la entonación...
el ritmo en su propia exclamación.
martes, 22 de enero de 2013
Ventanas abiertas de par en par.
Muchas veces se pregunta sobre el sentido de las cosas. Muchas
veces se cuestiona la normalidad. Muchas veces no encuentra respuestas y si lo
hace es en la forma de caminar, en lo especial de sus ojos o en la forma
sugerente de concentración al conducir. Hoy llueve. Hoy llueve y nieva por
momentos. Hoy no se debe ir en bici si no tienes chubasquero.
Muchas veces abre las cortinas de su cuarto mientras se
cambia. No quiere que los vecinos le vean, quiere sentir el exterior
recorriendo toda su piel. Es la única forma. Acaricia sus pechos, su ombligo y
peina su largo cabello liso y marrón. El frío le hace temblar.
Muchas veces, mientras camina de un lado para otro en la
constante monotonía de la gente, se da cuenta de cosas pequeñas: olores,
movimientos, peinados, cordones desatados y zapatos sucios. Una vez en el metro,
la espera le hizo percatarse de todos
los libros leídos que habían recorrido ese espacio, títulos insalvables de
poemas, de historias y de relatos eróticos enfurecidos que la gente oculta tras
papel de periódico, ¡cómo le habría gustado desnudarlos y dejaros como cuando
ella abre las cortinas!
Muchas veces cuando termina el día, viste pijama y se apaga
la luz, anota mentalmente todas esas vivencias y las separa en el apartado de
cosas importantes: el jersey con su olor, las arrugas de aquella mujer anciana,
el juego revoltoso de dos niños a la salida del colegio, el “avísame cuando
llegues”, hipopótamos danzarines por su espalda, instantes coléricos y las
buenas noches que siempre llegan.
No recordará la ropa
que llevaba aquel día, pero sí como los ojos más especiales del mundo le
miraban desde allí arriba.
sábado, 12 de enero de 2013
Carne de gallina.
Sufro aceleramientos masivos de mi sistema circulatorio,
escalofríos delirantes del sistema nervioso con tics incluidos, psicosis en las
extremidades y alteración del sistema respiratorio con suspiros
irremediablemente profundos.
Todo lo sencillo. La luminosidad de lo claro, el reflejo de
la poesía, del hilo, de la costura que se entrelaza, del vestido y de la
irracionalidad del ser. Lo sufro, tan complejamente complejo que casi no
asusta, porque es sencillo a la vez, porque se disfraza, porque es tan solo
sueño.
¿Acaso un simple roce podrá lograr el letargo más profundo?
Sí.
Si es tuyo si.
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