martes, 20 de diciembre de 2011

A la atención de...

Querida yo, 

Ha llegado el momento de despegar, de tomar rienda suelta, de soltarte el pelo, de bailar como una loca hasta el amanecer, de vivir. De sonreír sin motivo y de resucitar. 

Querida y entrañable yo,  dime,  ¿qué ves cuando te reflejas ante un espejo?.  Dime,  ¿el paréntesis que se forma al sonreír en tu cara es normal?. Dime,  si a pesar de todo,  ¿se puede sentir esta felicidad?. Dímelo tú, que lo sabes, que lo sientes tan dentro. 

Y esta noche, de frío, de invierno, me pondré mi pijama de ovejitas y te acompañaré en tus sueños, para que no te pierdas. Para que todo aquello que un mal día dibujaste en el rincón más oculto de ti misma salga a la luz a través de colores vivos, llamativos, a través de luces brillantes que guiarán tú camino. El mismo camino que ya conformaste, el mismo que un día te atreviste a andar sola, aquel camino oscuro que está justo a tú lado y que te da tanto miedo. Tanto miedo como la propia oscuridad. Como los fantasmas que cada noche invaden tú cuarto. Tanto como el echar a volar de nuevo.  
¿Y cómo se cura el miedo? Sé valiente. Lánzate. Despega. Corre. Nada. Vuela…

¡Ay pajarito libre! No dejes de intentarlo nunca.

                                                                                                                                Con cariño, Alba.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Columpios

Somos la proyección que nosotros mismos creamos de nuestro futuro y nuestro futuro no es más que el camino que ahora andamos,  el tomar o no una decisión acertada. Somos error, acierto y otra vez error.  
Somos toda aquella experiencia, el pasado, el presente y el futuro que conformó, conforma y conformará la misma. 
Somos los segundos, los minutos, las horas y los días invertidos en hablar del tiempo que no tenemos, de las ganas de hacer cosas, de la puesta en escena de una propia representación de nuestra vida. Somos tiempo. Tiempo relativo.  
Somos marcas, señales, símbolos, canciones de momentos inadecuados. Somos silencios incómodos, paseos soñados, somos columpios que vuelan… y es que podemos, es que tenemos  la extraña habilidad de transformación, y somos, si lo deseamos con fuerza, todo aquello que nos propongamos. Malos, conformistas, alegres, hipócritas, cariñosos, nobles, envidiosos, soñadores, creadores de universos paralelos, dibujantes de ilusiones, falsos, y ¿por qué no? Felices. Lo somos. Somos una pura transformación constante de nosotros mismos. Un molde de arcilla que gira sobre sí mismo una y otra vez, creando, diseñando, desarrollando nuevas formas imposibles, jamás pensadas.  
Y es que somos aquella proyección que un día, de niños, imaginamos de nosotros mismos. Lo somos, somos todas esas proyecciones que, cambiantes, tarde o temprano han resurgido de nuestra cabeza hacía la realidad, hacía la realidad que ahora nace de mí.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Heridas de piruleta


¿No lo oyes? ¿No lo escuchas? Sí, sí… a lo lejos, como si estuviera el sonido empañado, como si algo le impidiese salir, ¿lo oyes ahora?, silencio, cállate, que está ahí, pero seguro que jamás te has parado a prestarle atención, a escuchar, debes escucharlo, como cruje, como se retuerce ahí dentro, como llora, como contiene un grito de dolor que se muere por salir, ¿lo escuchas?
Shhh… ahora llora, pero en silencio, solo suspira, se estremece, escucha, presta atención, ¡mira como sufre!, atento, atento, que ahora habla, hablará, te hablará a ti, que le hiciste quebrar… escúchale, escucha lo que tiene que decir, su dolor, su agonía, su miedo, su esperanza robada, su lamento, su grito sordo, su espera interminable, escucha, y ahora que lo oyes bien, que te has acercado,  dile que no deje de latir.