Creer en el puro sentido de la palabra, cuesta. Creer con la
fe incuestionable de quien observa y no imagina, de quien está fuera de
secuencia o de quien se ha perdido para no volver, es puramente hipocresía. La
crítica existe.
Preguntemos el porqué, cuestionemos los principios y las
cosas que se dan por hecho. Hagamos inocente lo que nos rodea malgastando los
colores, las canciones y la ropa, llevando el uso al fin. Inventemos sombras
inexistentes, ruidos y juegos en los que siempre se gana. Por favor.
Imaginemos para creer, para crecer.
Porque la fe más insalvable es aquella que el adulto cree y
el niño se cuestiona.
Perdidos.
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