martes, 28 de febrero de 2012

...iluminan la noche más oscura...

Fue entonces cuando el tiempo cruel, malvado y despiadado, obligó a la princesa a crecer. La despojo de sus vestidos de purpurina, de sus zapatos de colores y de las diademas que adornaban sutilmente su cabello y la castigo por cada sueño. 

Durante muchos días, durante muchos años, se podía observar a través de la ventana más pequeñita de la torre más alta del imperio más gigante del tiempo, como la princesa apagaba cada una de las estrellas que noche tras noche había encendido. Como se hacia la nada.

martes, 7 de febrero de 2012

Palomitas de colores.

Montones de cortinas de lucecitas, de chisporroteos juguetones sobre el manto oscuro de la noche, ventanas abiertas por donde se cuela el viento que hiela mis pies escurridizos bajo las sábanas, luces azules, verdes, amarillas y rojas. El mar y la brisa que no puedo sentir. El sol que calienta en invierno débilmente y un pez gigante que tiene hambre de pescadores descuidados y aburridos.  Una canción interminable. Tú presencia y tú ausencia. Millones de amapolas durante todos los meses del año. Cuentos, historias, leyendas, poesías, libros. Bibliotecas  de vida. La inmensidad del cielo azul, y de aquel que está lleno de nubes. Piruletas de muchos colores y sabores y un estuche lleno de rotuladores para dibujar y colorear. Un vestido ligero sobre mí, una tarde debajo de una manta en el sofá y un paseo sobre el crujir de las hojas de otoño.  Mi mamá. Su tortilla de patatas y una larga conversación con su experiencia. Tú pelo, mi sonrisa y un pañuelo al viento de color marrón con florecitas estampadas. Pesadillas que son mentiras, enormidad gigante para gritar, mariposas de papel que vuelan en silencio hacía mí. Universo paralelo donde importa la fragilidad de un beso en la mejilla, el miedo y la valentía de escribir canciones de amor inadecuadas. Conducir durante horas con las ventanillas bajadas y cantando a pleno pulmón. Abanicos ruidosos que resuenan haciendo volátil el pasado. Dedicatorias insuficientes, parejas inconexas, balcones con flores blancas, pupilas dilatas y un boli rojo para corregir errores. Mi mundo, mi universo paralelo, un lugar para escapar. Una invitación.

lunes, 6 de febrero de 2012

Millones de estrellas...

Había una vez una princesa que, ataviada con su largo vestido azul y una diadema en el pelo, se escondía del tiempo que reclamaba su parte. Detrás de cortinas, bajo la cama o en armarios repletos de zapatos de colores.

Construía palacios con sábanas y allí, reinaba. Besaba sapos y cantaba dulces canciones de amor desde la torre más alta de su castillo. Hablaba con libélulas, mariposas  y pájaros para sonsacarles el secreto del vuelo y dibujaba cada noche, una estrella nueva en el cielo.

Un día, cuando una mariposa pequeña pero hermosa bailoteaba junto a su pelo, cerca de su oído, el tiempo, la encontró por sorpresa. Ambos se miraron, y la princesa fue raptada por los segundos, por los minutos y por las horas.

Jamás pudo conocer el secreto. Jamás supo como volar.