Me llamaste salvaje porque no tenías una forma mejor de
definirme y bestia hubiera servido. Pues, aunque nunca quise, en ello me he
convertido. Cegada, sobre iluminada, idiota y pasmada. El egoísmo puro, todo y
nada, pero es que el viento siempre arrincona la mierda, como el tiempo. Y yo, yo siempre pongo punto final porque como en la vida, si no lo haces, la frase
nunca termina.