¿Qué bestias insaciables de carne humana hay ahí? ¿Qué
extraña multitud se aloja bajo la almohada? ¿Por qué te comes mi cama?
Cae como una fatalidad, como un capricho reprochable, como
un latigazo, pero despacio. Te marca a la vez que te enseña solo aquello que él
quiere que aprendas. No puedes elegir.
Guardia y faraón del terreno, gobierna y zarandea a su
gusto, a su capricho. Modifica y crea, alimenta y deja morir de hambre, se
reproduce.
Da miedo, como aquel espíritu que de pequeña, aparecía tras mis cortinas o detrás de la puerta de mi
cuarto. Como el salto al vacío, como el abismo, como la soledad incuestionable
y relativa.
Y es que, por mucho que lo evites, que intentes no mirarle a
los ojos, el cambio siempre llega. Porque lo buscas, porque te encuentra,
porque siempre queremos más.