No supo que decir.
Se abrió un extenso manto verde decorado por amapolas y
girasoles encarados al sol, por la brisa que mecía su vestido de tirantes y por
el silencio abrumador de la soledad. Se dio cuenta de la infinitud que baña las
cosas y también, de la finitud que las
seca unidas todas por el mismo nexo y por el sentimiento efímero que de ellas
se desprende.
Caminó sin rumbo fijo y en el vaivén del eterno baño de delicados átomos entrelazados,
se produjo la insolación. Todo se torno blanco y aparecieron cientos de puertas
entreabiertas de fondo oscuro. Pasó
frente a ellas y el olor le produjo nauseas, vómitos. Entre las miles de moscas
que invadieron la estancia revoloteando a su alrededor, gusanos a sus pies
pidiendo clemencia y los zapatos podridos, ella se hundió.
Se sumergió en el agua más pura y limpia que jamás habría
imaginado. Con cada bocanada respiraba oxígeno embriagador y sus pulmones se
llenaban de felicidad innata puesto que, ese oxígeno suponía una inversión más hasta el
fondo. Allí, en el fondo, conoció a las olas y juntas hicieron el amor uniendo
sus cuerpos hechos de materia y traspasando las formas a través de la espuma de
su movimiento. En los instantes que el agua estaba calmada ella quería leer,
escribir, dejar constancia de lo que estaba viviendo, componer sinfonías de papel
y pluma, hacer delicados pájaros que sobrevolaran el cielo estrellado y crear
cartas de purpurina para su amado. En los instantes que las olas no estaban,
ella tenía amantes de palabras. Entonces, comenzó a llover.
Observó como día tras día las nubes lloraban y la bañera en
la que ella nadaba, vencía ante tanto líquido. Como se aproximaba el fin o lo
infinito de la muerte. Como terminaba todo y empezaba de nuevo con un extenso
manto verde de hierba, con cientos de puertas sucias y de oportunidades desechadas,
con un largo más para llegar a los dos mil metros y con la apertura de un
paraguas en el portal antes de comenzar a caminar.
Y de pronto, supo que decir:
- Un pastel de cumpleaños, por favor. Con mucho
chocolate.