Querida yo,
Ha llegado el momento de despegar, de tomar rienda suelta, de soltarte el pelo, de bailar como una loca hasta el amanecer, de vivir. De sonreír sin motivo y de resucitar.
Querida y entrañable yo, dime, ¿qué ves cuando te reflejas ante un espejo?. Dime, ¿el paréntesis que se forma al sonreír en tu cara es normal?. Dime, si a pesar de todo, ¿se puede sentir esta felicidad?. Dímelo tú, que lo sabes, que lo sientes tan dentro.
Y esta noche, de frío, de invierno, me pondré mi pijama de ovejitas y te acompañaré en tus sueños, para que no te pierdas. Para que todo aquello que un mal día dibujaste en el rincón más oculto de ti misma salga a la luz a través de colores vivos, llamativos, a través de luces brillantes que guiarán tú camino. El mismo camino que ya conformaste, el mismo que un día te atreviste a andar sola, aquel camino oscuro que está justo a tú lado y que te da tanto miedo. Tanto miedo como la propia oscuridad. Como los fantasmas que cada noche invaden tú cuarto. Tanto como el echar a volar de nuevo.
¿Y cómo se cura el miedo? Sé valiente. Lánzate. Despega. Corre. Nada. Vuela…
¡Ay pajarito libre! No dejes de intentarlo nunca.
Con cariño, Alba.