Muchas veces se pregunta sobre el sentido de las cosas. Muchas
veces se cuestiona la normalidad. Muchas veces no encuentra respuestas y si lo
hace es en la forma de caminar, en lo especial de sus ojos o en la forma
sugerente de concentración al conducir. Hoy llueve. Hoy llueve y nieva por
momentos. Hoy no se debe ir en bici si no tienes chubasquero.
Muchas veces abre las cortinas de su cuarto mientras se
cambia. No quiere que los vecinos le vean, quiere sentir el exterior
recorriendo toda su piel. Es la única forma. Acaricia sus pechos, su ombligo y
peina su largo cabello liso y marrón. El frío le hace temblar.
Muchas veces, mientras camina de un lado para otro en la
constante monotonía de la gente, se da cuenta de cosas pequeñas: olores,
movimientos, peinados, cordones desatados y zapatos sucios. Una vez en el metro,
la espera le hizo percatarse de todos
los libros leídos que habían recorrido ese espacio, títulos insalvables de
poemas, de historias y de relatos eróticos enfurecidos que la gente oculta tras
papel de periódico, ¡cómo le habría gustado desnudarlos y dejaros como cuando
ella abre las cortinas!
Muchas veces cuando termina el día, viste pijama y se apaga
la luz, anota mentalmente todas esas vivencias y las separa en el apartado de
cosas importantes: el jersey con su olor, las arrugas de aquella mujer anciana,
el juego revoltoso de dos niños a la salida del colegio, el “avísame cuando
llegues”, hipopótamos danzarines por su espalda, instantes coléricos y las
buenas noches que siempre llegan.
No recordará la ropa
que llevaba aquel día, pero sí como los ojos más especiales del mundo le
miraban desde allí arriba.
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