Vivir dos días. Vivir literalmente dos días.
He consumido palabras, frases y libros enteros. Los he
devorado con hambre ardiente hasta llegar al orgasmo pleno y efímero del
conocimiento. He desnudado los números de sus páginas, cada mayúscula, cada rincón
en busca de una explicación, de una razón lógica aplicable a su existencia en
el mundo, en el planeta.
He leído. He caído en la perdición de inventarme mil
historias sobre personas que no existen, de pelo rubio imaginario y ojos azules
que conducen al placer infinito donde solo ellos pueden guiarte. He alcanzado
ideales confrontados, plataformas diferentes y contradictorias, lugares que
existen y a la vez dejan de hacerlo. He llegado a amar, a no querer ver el fin,
a vivir su vida en cada trayecto de metro, en cada espera y en cada día de no
vida.
Una persona que no lee, está perdida. Tremendamente e
irracionalmente perdida.