Es el ser y el no ser que se esfuerza y acaba siendo.
Es el querer que alimenta y atormenta a partes iguales.
Es tu presencia que me calma y me excita.
Es la vida que se deja ver y se esconde si tú la miras.
domingo, 27 de noviembre de 2016
lunes, 26 de septiembre de 2016
El día que entré de puntillas y te (me) desperté.
Todo empieza por los silencios y acaba por las palabras.
Empieza como si nada y acaba como si todo. Va creciendo y entra en ti y te
remueve poco a poco, despertando al monstruo que hace cambiar. Lo que antes era
bien ahora es mal y lo que ahora es mal es bien. Un lío, vamos.
Te despierta en la oscuridad y te hace no saber dónde estás.
Ni a dónde vas, ni a dónde quieres ir. Te deja en vela. Es el auténtico poder
que nos machaca cuando tiene que hacerlo, porque sabe que es el mejor momento.
Te llena de pesadillas que jamás vinieron cuando dormía contigo y ahora que
estamos despiertos nos atormentan y nos dejan sin aliento. No existe la fuerza
para seguir, solo el cansancio.
Todo se llena y se vacía, de ti y al mismo tiempo, de mí.
lunes, 1 de agosto de 2016
Derivar.
El otro día observé las ondas que el aire produce en el agua
y creo que algo tan perfecto casi no se puede nombrar. Tan simple.
Tomar decisiones es subir a una barca que arrastrada por el
viento te lleva hacia un nuevo lugar. Y solo puedes dejarte hipnotizar y “derivar”
hasta la orilla más próxima. Tan simple.
De vez en cuando me gusta escuchar una canción de principio
a fin, poniendo mi atención en cada
nota, en cada letra y en cada instrumento, dejándome llevar y perder el sentido.
Son unos pocos minutos y es muy simple.
Los estados tal como vienen se van. Vivir es como estar
montado en una montaña rusa y a veces no te das cuenta, otras sin embargo eres
totalmente consciente del descenso que se aproxima tras esa subida y, te asusta
tanto que solo puedes gritar. Y es simple.
Intentamos complicarlo todo. Nos enredamos y tropezamos con
nosotros mismos una y otra vez… ¿qué quieres hacer?
Es una pregunta rematadamente simple.
domingo, 17 de abril de 2016
La belleza de las cosas imposibles.
Hasta que no llega el momento soy dura como una roca. Mi
pulso no tiembla, no me estremezco, soy impenetrable.
Hasta que no llega el momento estoy preparada, sin miedo y
con fuerza para resistir, para aguantar los agites, para levantar si fuera
necesario.
Hasta que no llega el momento soy insensible, la vista
nublada, el oído silenciado y el gusto apagado. Los músculos preparados y toda
mi piel en alerta.
Hasta que no llega el momento mi cabeza mueve mis acciones.
Soy la marioneta de la razón, la conciencia me habla y los recuerdos no
existen.
Hasta que llega el momento en que tú me tocas.
Hasta que llega el imposible que es real, lo que sabes que
no sucederá y acaba sucediendo. Hasta que llega lo que pensabas que no serías
capaz de hacer.
Hasta que llega ese momento, el momento en tú me tocas.
Y es entonces cuando toda la concentración se esfuma, se
retuerce y cae al suelo para dejarse llevar en un remolino de emociones, de
sentimientos que el fuego que tú supiste ver enciende. Cuando llega ese momento
la belleza crece, se deja llevar y baila para los dos. La belleza de las cosas
imposibles que no pueden ocurrir y acaban ocurriendo. Justo en el momento que tú me tocas.
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