martes, 22 de enero de 2013

Ventanas abiertas de par en par.



Muchas veces se pregunta sobre el sentido de las cosas. Muchas veces se cuestiona la normalidad. Muchas veces no encuentra respuestas y si lo hace es en la forma de caminar, en lo especial de sus ojos o en la forma sugerente de concentración al conducir. Hoy llueve. Hoy llueve y nieva por momentos. Hoy no se debe ir en bici si no tienes chubasquero. 


Muchas veces abre las cortinas de su cuarto mientras se cambia. No quiere que los vecinos le vean, quiere sentir el exterior recorriendo toda su piel. Es la única forma. Acaricia sus pechos, su ombligo y peina su largo cabello liso y marrón. El frío le hace temblar.


Muchas veces, mientras camina de un lado para otro en la constante monotonía de la gente, se da cuenta de cosas pequeñas: olores, movimientos, peinados, cordones desatados y zapatos sucios. Una vez en el metro,  la espera le hizo percatarse de todos los libros leídos que habían recorrido ese espacio, títulos insalvables de poemas, de historias y de relatos eróticos enfurecidos que la gente oculta tras papel de periódico, ¡cómo le habría gustado desnudarlos y dejaros como cuando ella abre las cortinas!


Muchas veces cuando termina el día, viste pijama y se apaga la luz, anota mentalmente todas esas vivencias y las separa en el apartado de cosas importantes: el jersey con su olor, las arrugas de aquella mujer anciana, el juego revoltoso de dos niños a la salida del colegio, el “avísame cuando llegues”, hipopótamos danzarines por su espalda, instantes coléricos y las buenas noches que siempre llegan.
No recordará la ropa que llevaba aquel día, pero sí como los ojos más especiales del mundo le miraban desde allí arriba.

sábado, 12 de enero de 2013

Carne de gallina.



Sufro aceleramientos masivos de mi sistema circulatorio, escalofríos delirantes del sistema nervioso con tics incluidos, psicosis en las extremidades y alteración del sistema respiratorio con suspiros irremediablemente profundos. 


Todo lo sencillo. La luminosidad de lo claro, el reflejo de la poesía, del hilo, de la costura que se entrelaza, del vestido y de la irracionalidad del ser. Lo sufro, tan complejamente complejo que casi no asusta, porque es sencillo a la vez, porque se disfraza, porque es tan solo sueño.


¿Acaso un simple roce podrá lograr el letargo más profundo? Sí.

Si es tuyo si.