lunes, 30 de mayo de 2011

Mi última no entrada

Hoy pensaba dedicarte mi última entrada, hoy iba a ser la última vez que escribiría para ti. Pero sé que no será así, sé que no será posible, sé que no podre evitar recordarte cuando escuche alguna que otra canción, oiga esa palabra tan tuya o simplemente me encuentre con alguien que se llame como tú. Sin embargo, hoy quería escribir sobre todos esas pequeñas cosas que me hacen sonreír, como esa sensación de un ataque de risa inesperado, en un momento equivocado y difícil de controlar, cosas como esa… cosas que a veces, pasamos por alto.
“Hay muchas cosas que me gustan, me gusta escribir, me desahoga, me alivia y sin duda, hace que muchas veces me sienta mejor.
Adoro viajar en tren, tal y como lo hago ahora, y ver el paisaje, con su gente, sus árboles, sus casas llenas de historias, sus nubes que sin remedio van quedando atrás mientras yo, avanzo. Me gusta la forma tan descarada de aquel muchacho. Sí, de ese, de ese que está sentado a mi derecha y que parece cansado. Y también me gustan sus zapatillas.
Me gusta ver la sonrisa de gente. Y adoro el azul del cielo en un día de primavera.
Me gustaría estar en el césped, sintiéndolo fresco y verde, mientras leo. Me gusta la brisa de la primavera y como existen personas capaces de ayudar sin pedir explicaciones.
Me gusta pensar e imaginar a dónde irán o de dónde vendrán aquellas personas que van con maletas por la calle. Me gustaría ir a Irlanda, creo que hay suficiente césped para perderme en muchos libros. “
¿Qué pasó? “me gustaría conocerte, sonreír y ya no dejar de hacerlo jamás” Hiciste que dejará de sonreír un tiempo, y cuán tonta he sido por hacerlo. Esta entrada es por todas esas cosas, que pequeñas y al parecer insignificantes dejaron de hacerme sonreír y ahora, lo han vuelto a conseguir. Me estoy recuperando de ti. Estoy recuperada de ti.

Y ¿ves? Aunque quiera, no podré dejar de recordar lo que vivimos, porque está ahí, y siempre estará, como esa canción, como esa palabra tuya o como tu nombre. La diferencia es que ahora puedo escuchar esa canción, pues oír esa palabra y puedo pronunciar tu nombre, y sonreír.
Me gustan muchas cosas pequeñas que me hacen sonreír, y es justo de eso de lo que quería hablar con esta no última entrada dedicada a ti.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Dónde estabas tú.


¿Estás jugando conmigo? ¿Verdad?
Hay veces que saber algo no te hace más fuerte, pero conocer la realidad, lo que pasa exactamente, te da la seguridad de que todo ha ido mal, porque cuando ha ido bien lo sabes, lo notas. Quizás esa seguridad te lleve hacía el camino de estar bien, pero la incertidumbre… no saber qué pasará, simplemente notar que todo va mal y no saber ni siquiera el porqué, te come por dentro. ¿Será por mi culpa? ¿Habré hecho algo mal? Tal vez… pero como no lo sé…
Cuando parece que vas retomando tu vida, haciendo que aquellas cosas que no dejaban de machacarte vayan desapareciendo, el destino, caprichoso y espontaneo te vuelve a situar en el lado amargo. ¿Y qué queda? Pues, supongo que aprender y seguir aprendiendo.
Es curioso como el ser humano tiene esa capacidad extraordinaria de aprendizaje y sin embargo, aprendemos casi siempre por medio del dolor (deberíamos depurar esta técnica). Y curioso, también, como recordamos esos momentos una vez han pasado, es curioso, sin duda.
¡Ay! Amigo destino, me la estás jugando. Tengo que aprender algo ¿verdad?, algo que aún no sé, algo que desconozco. Estoy convencida de que es así.
Supongo que después, cuando todo pase, seré más fuerte y podré superar las cosas malas, no sé si con menos dolor, pero seguro que con más experiencia. Podré volver a correr libremente, sin peso, sin nada que me ate a un recuerdo, a varios momentos y en general, al pasado. Al pasado dónde estabas tú.
Destino, gracias, gracias por todas esas cosas buenas que pusiste en mi camino, pero sobre todo, gracias por todas esas piedras que me hicieron tropezar, aprender y ¡espero! No volver a caer.

Anhele un beso en aquella azotea...

Me da rabia porque lo sé. Podría poner tan solo eso, y pondría todo. Me siento tremendamente furiosa conmigo misma. ¿Cómo puedo ser tan boba?
"Siempre me acordaré de aquel momento, tu y yo, y la brisa. La brisa del aire de Madrid que hacía que se moviera mi pelo. Ahora, siempre que haga brisa, me acordaré de ti. Hacía calor, me acuerdo, y recuerdo también como tu piel se iba enrojeciendo a causa del sol, pese a ello, ahí estabas, conmigo, y con la brisa y con el sol.
Quería rozarte y tú lo sabías, y quizá por ese motivo, aún quería hacerlo con más ganas. Fuiste el causante de que mi mano topará con la tuya, y sobreprotegiendo la mía, medimos nuestras manos al aire. Un gesto tonto, y de niños, pero me encantó.
Me hablabas, me señalabas tú casa, y decías que tampoco estaba tan lejos de la mía. Me mirabas, y tus ojos, verdes, decían todo lo que las palabras no podían: este momento es especial, decían. Te apoyabas junto a mí, e intentabas picarme, sólo para sacarme una sonrisa y lo conseguías.
Anhele un beso en aquella azotea."
...tal y como lo anhelo ahora. Me da rabia por eso. Porque sé que fue un sueño, que desperté y tuve que seguir, y aquí sigo. Debo dejar de machacarme a mí misma, ya he despertado y el sueño ya terminó.

domingo, 1 de mayo de 2011

Y me harás temblar...

Quizá las cosas no fueron como esperaba porque viste el final antes de llegar a comenzar. O quizá cometí el error de soñar, de volar, y sentir antes de tiempo. Pero, ya lo dije, suelo cometer muchos errores, y por mucho que ahora lo desee, no podré retroceder el tiempo y volver a empezar, para hacerlo bien. Los errores forman parte de nuestra historia, que triste o alegre, con sus buenos y malos momentos, es nuestra, y siempre estará ahí.
Sé que fue un error, de esos que suelo cometer, quizá porque me dejo llevar, puede ser. Pero, lo sabes, pon tu mano junto a la mía, un simple roce, y me harás temblar. No me hacen falta besos, no me hace falta nada más allá de eso, un simple roce, o puede, que con una simple mirada. Ya ves, ¡qué boba soy!
Como me gustaría no pensar tanto en ti, porque sí, lo hago, y a menudo... pero sólo hablar, quedar y demás. Debería dejar de hacerlo. Tengo más que tu imagen, tu presencia clavada en mis recuerdos y aunque poco a poquito se difumina, lo hace despacito y me cuesta, me cuesta porque sé que una palabra tuya sería suficiente. Me cuesta principalmente porque lo sé.

Fuiste mi dulce introducción al caos. Ahí lo dejo.