lunes, 29 de agosto de 2011

Ahora


El roce de mi pelo largo por la espalda desnuda.
Un sprint.
Terminar un libro.
Un mensaje en medio de la noche.
Un viaje que vendrá.
Un error que volvería a cometer.
Un paseo.
Volver a verte.
Mi habitación.
Salir de la ducha y pasear por la casa desnuda.
Cantar como loca.
El volar de mis cortinas.
Mariposas.
Alcohol.
Ayer.
Un dibujo hecho por un niño para mí.
Planes.
La sensación de despertar desnuda.
El roce de las sábanas.
Un beso.
Un adiós.
Un final inesperado.
Mi final.

sábado, 27 de agosto de 2011

Lo que pasa cuando no llevo mi cuaderno.


Has llegado en el momento perfecto, en el instante idóneo, tú. Has llegado y me has hecho ilusionarme de nuevo, querer saltar de nuevo al vacio.
Vaya mentira más grande.
Quizá algún día desaparezca este recuerdo, quizá ese día sea el día de mi muerte. Ya que sin ti, jamás habría sentido, jamás habría amado así, y jamás me habría roto con el dolor que ahora mismo siento. Quizá algún día tú recuerdo sea tan sólo eso, el paso del tiempo en mi memoria, en mi vida, pero sin tú presencia, ya que serás sólo un recuerdo más.
Un largo paseo por el centro de Madrid, sentir el sol de los últimos días de verano en la piel, el viento que mueve mi pelo, sentir como llegan las palabras, como se enlazan en mi cabeza y sin embargo no poder anotarlas, porque como siempre, las mejores ideas vienen en el momento inadecuado, cuando no llevo mi cuaderno.
Libélula, infinito, magia, bullicio, agua, archivador, tiquismiquis, alfeizar, paz y… la mía: felicidad.
Un paso más… no imaginaba lo mucho que me costaría volver a subir aquí, sin escayola, sin ser abril, sin ti. Pero lo he hecho, sola, una vez más, dando un paso hacia adelante y llorando como una tonta ante Madrid.
A partir de la experiencia de la muerte posible.Derrida.
Un aprendizaje eterno de la vida por oposición a nuestra implacable finitud.
Pasear, caminar y escuchar: hay que seguir hacia adelante. Si lo dices tú, desconocido, en tú circunstancia, debo hacerte caso, y… ¿cómo no?

viernes, 19 de agosto de 2011

Espejo.


Hace tiempo que la observo, no muy alta, pero tampoco baja. Complexión normal, pelo castaño, largo y liso. Ojos marrones, y un lunar. Hace tiempo que me doy cuenta de cuánto le cuesta sonreír. Hace tiempo que se mira, pero no se ve. Hace tiempo que lo intenta, y poco a poco lo consigue, pero a pasitos de hormiga. Hace tiempo que le ánimo, desde dentro, le grito con fuerza para que no decaiga, para que continué y siga luchando, luchando por ser feliz, por olvidar, pero no del todo, que siempre es bueno que algo quede. Hace tiempo la vi llorar como nunca lo había hecho antes, en silencio. Con dolor. Con la esperanza aún viva.
Pero, he de decir, que hace unos días, esa señorita, no muy alta, pero tampoco baja, de complexión normal, pelo castaño, largo y liso, ojos marrones y un lunar al lado de la nariz, sonríe. Sí, la he visto sonreír, y es cierto, completamente cierto. El tiempo, fugaz, armonioso, lento y rápido a la vez, preciado tesoro, elemento, vida, el tiempo. El tiempo deja paso a todo lo que tenga que venir, le da igual. Él simplemente hace su curso, tú eres el que decide si seguirlo o no. Si quedarte estancado o superar las dificultades. Ella lo sabe. Ella se ha dado cuenta de todo. Y ahora, ahora puede que quiera contarlo o no, pero sin duda, ella sabrá que hacer. Sonreír. 

Hace tiempo que se dio cuenta que los puntos finales no existen. Ingenua. 

martes, 2 de agosto de 2011

El punto final.


Esta noche hace demasiado calor para despedidas, y está es la mejor excusa que tengo para no poner el punto final a tú recuerdo, que ya es lo único que me queda.
Lo he intentado todo. En vano, pero lo he intentado. Cada esfuerzo, cada paso, cada idea, cada silencio, que es lo único que recibo de ti. Un silencio tan grande que duele más que cualquier palabra. Cada intento que deja paso a una nueva decepción. Y me da miedo pensar que me pueda quedar así para siempre, atada a la esperanza de que un día rompas ese silencio y pongas el punto final que yo no me atrevo. Justo quiero eso, poner el punto final y comenzar mi historia, una historia nueva, con un nuevo principio y sobre todo una historia contada por mí, a mi manera, donde haya sitio para mis cosas, hueco para mis maletas llenas de ideas y de cosas por hacer, para mi espontaneidad. Una historia nueva donde yo tenga un sitio.
Y es que esta noche no podré evitar llorar acurrucada en mi cama, luchando con la esperanza en una batalla que no sé si algún día ganaré. Podría decir que me enamoré de ti como una tonta, y que aún siento algo, quizá. Y podría hacer, crear, llenar libretas enteras de poesías para ti. De ilusiones que quedarán en eso, en ilusiones, en sueños que no se cumplirán. En la irremediable, angustiosa y gran esperanza. Podría, también, escribir miles de verbos y todos y cada uno de ellos tendrían algo que ver contigo. Volar, susurrar, soñar, amar, querer, nadar, saltar, marchar. Marchar sin decir adiós, ni hasta luego, solo marchar.  Y podría escribir tú nombre y dejarlo grabado en algún rinconcito de mi piel, pero ya lo hiciste tú, y aunque intenté borrarlo, siempre quedará marca, como cuando aprietas al escribir a lápiz, el papel no vuelve a quedar blanco, no quedará limpio.
Y sin duda, podría seguir atormentándome, pero ya está bien. Ahora sólo quiero sonreír y algún día recordar todo esto y saber en qué punto, a qué hora y en qué circunstancias exactas puse el punto final. Porque sé que lo pondré yo, aunque en el momento no me dé cuenta. Y es que vivir, vivir no es más que ver en la oscuridad, a ciegas, tal y como estoy yo ahora, aprendiendo a poner esos puntos finales que tanto duelen.
Y algún día podré el punto final, por ahora, sólo pondré puntos suspensivos, no soy tan valiente…