Muérdeme tan fuerte que se equivoque el orgasmo con el dolor imprudente de la piel.
Deja tú huella.
Como tu olor en mi pelo, como el
recuerdo de tu sonrisa en mi mente.
Átame de pies y manos. Destrúyeme.
Parte mis
labios con las ganas para después dormir con ellos. Sin sábanas, con la ventana
abierta y a gritos. Con los sueños desatados, con el viento enfurecido y con el
calor de una noche de verano.
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