sábado, 19 de julio de 2014

post merídiem

Soy consciente de que la involución existe. Trato de inventarme cada día, cada fin de semana y siempre ocurre lo mismo, un retroceso, un parón sostenido en el tiempo de las decisiones que no tomas, que no tomo. Una involución constante dentro de mi misma y ya no puedo más… todo mi cuerpo, mi mente, mi ser, todo mi yo, el ello y lo que demonios haya dentro de mí dice ¡se acabo!
Es pasado o, eso creo.

No puedo ir despacio porque los abismos no son para ir paso a paso. Son para tirarse, para empaparse o morirse de frío. Son decisiones, son la evolución-revolución. Porque siempre, por muy mal que vaya todo, podremos pasar por debajo de aquella ventana y gritar “¡abuela!” y sabremos que no está fuera de lugar, que no está en el sitio equivocado y nosotros tampoco. Porque, por mal que pinten las cosas, podremos ir a la playa y sentir la brisa, ésta no cederá. Porque seguiremos haciendo el amor y porque, queramos o no, seguiremos soñando cada noche.