¿Y sí él tampoco “puede”?
Y vuelve de nuevo la esperanza.
No, creo. Con coma, que es diferente de: no creo. Lleva coma. Una coma tan grande y fugaz como aquel momento.
“Me encantas”
Y vuelve de nuevo la esperanza.
No, creo. Con coma, que es diferente de: no creo. Lleva coma. Una coma tan grande y fugaz como aquel momento.
“Me encantas”
¿Y si todo se queda en técnica? ¿En un mísero mapa conceptual para repasar la lección? ¿Y si no hay evaluación? ¿Y si no la hay porque no hay criterios posibles?
¡Oye! Tiempo muerto señor árbitro. Éste juego me gusta, pero déjeme tomar fuerzas y volver a empezar, que está vez la ligo yo. Me toca emerger del vacío, coger la pluma y garabatear libre por todo el cuaderno, mezclarme con los miles de pájaros de papel que sobre vuelan el aire de mi cuarto, y sentir (o no) la gravedad. Venga va, me toca huir y aproximarme a la vez al miedo que se esconde bajo mi cama. Ese que dibuja y pinta de negro mis pesadillas, porque siempre lo he creído, los sueños son verdes, no verdes de que sean guarros, entiéndeme, sino verde de las hojas, del campo, del color de mi mochila o de las rayas de mis deportivas. De ese verde.
94% completado, hacer el amor y un mensaje de buenas noches de madrugada. Una caricia, un quedarse con las ganas, un explotar y un día más, por favor. Un estado perverso, melancolía, la inapetencia, y fíjate, ¡qué contrariedad! También el deseo. Criterios. No son más que criterios. Los míos.
Las reglas en este pilla-pilla de sueños. Ya investaste tú las trampas.
Y…¿sabes qué? En este juego, todas las habitaciones tienen ventanas. Como niños.