Hace tiempo que la observo, no muy alta, pero tampoco baja. Complexión normal, pelo castaño, largo y liso. Ojos marrones, y un lunar. Hace tiempo que me doy cuenta de cuánto le cuesta sonreír. Hace tiempo que se mira, pero no se ve. Hace tiempo que lo intenta, y poco a poco lo consigue, pero a pasitos de hormiga. Hace tiempo que le ánimo, desde dentro, le grito con fuerza para que no decaiga, para que continué y siga luchando, luchando por ser feliz, por olvidar, pero no del todo, que siempre es bueno que algo quede. Hace tiempo la vi llorar como nunca lo había hecho antes, en silencio. Con dolor. Con la esperanza aún viva.
Pero, he de decir, que hace unos días, esa señorita, no muy alta, pero tampoco baja, de complexión normal, pelo castaño, largo y liso, ojos marrones y un lunar al lado de la nariz, sonríe. Sí, la he visto sonreír, y es cierto, completamente cierto. El tiempo, fugaz, armonioso, lento y rápido a la vez, preciado tesoro, elemento, vida, el tiempo. El tiempo deja paso a todo lo que tenga que venir, le da igual. Él simplemente hace su curso, tú eres el que decide si seguirlo o no. Si quedarte estancado o superar las dificultades. Ella lo sabe. Ella se ha dado cuenta de todo. Y ahora, ahora puede que quiera contarlo o no, pero sin duda, ella sabrá que hacer. Sonreír.
Hace tiempo que se dio cuenta que los puntos finales no existen. Ingenua.
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