martes, 2 de agosto de 2011

El punto final.


Esta noche hace demasiado calor para despedidas, y está es la mejor excusa que tengo para no poner el punto final a tú recuerdo, que ya es lo único que me queda.
Lo he intentado todo. En vano, pero lo he intentado. Cada esfuerzo, cada paso, cada idea, cada silencio, que es lo único que recibo de ti. Un silencio tan grande que duele más que cualquier palabra. Cada intento que deja paso a una nueva decepción. Y me da miedo pensar que me pueda quedar así para siempre, atada a la esperanza de que un día rompas ese silencio y pongas el punto final que yo no me atrevo. Justo quiero eso, poner el punto final y comenzar mi historia, una historia nueva, con un nuevo principio y sobre todo una historia contada por mí, a mi manera, donde haya sitio para mis cosas, hueco para mis maletas llenas de ideas y de cosas por hacer, para mi espontaneidad. Una historia nueva donde yo tenga un sitio.
Y es que esta noche no podré evitar llorar acurrucada en mi cama, luchando con la esperanza en una batalla que no sé si algún día ganaré. Podría decir que me enamoré de ti como una tonta, y que aún siento algo, quizá. Y podría hacer, crear, llenar libretas enteras de poesías para ti. De ilusiones que quedarán en eso, en ilusiones, en sueños que no se cumplirán. En la irremediable, angustiosa y gran esperanza. Podría, también, escribir miles de verbos y todos y cada uno de ellos tendrían algo que ver contigo. Volar, susurrar, soñar, amar, querer, nadar, saltar, marchar. Marchar sin decir adiós, ni hasta luego, solo marchar.  Y podría escribir tú nombre y dejarlo grabado en algún rinconcito de mi piel, pero ya lo hiciste tú, y aunque intenté borrarlo, siempre quedará marca, como cuando aprietas al escribir a lápiz, el papel no vuelve a quedar blanco, no quedará limpio.
Y sin duda, podría seguir atormentándome, pero ya está bien. Ahora sólo quiero sonreír y algún día recordar todo esto y saber en qué punto, a qué hora y en qué circunstancias exactas puse el punto final. Porque sé que lo pondré yo, aunque en el momento no me dé cuenta. Y es que vivir, vivir no es más que ver en la oscuridad, a ciegas, tal y como estoy yo ahora, aprendiendo a poner esos puntos finales que tanto duelen.
Y algún día podré el punto final, por ahora, sólo pondré puntos suspensivos, no soy tan valiente…


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