martes, 7 de febrero de 2012
Palomitas de colores.
Montones de cortinas de lucecitas, de chisporroteos juguetones sobre el manto oscuro de la noche, ventanas abiertas por donde se cuela el viento que hiela mis pies escurridizos bajo las sábanas, luces azules, verdes, amarillas y rojas. El mar y la brisa que no puedo sentir. El sol que calienta en invierno débilmente y un pez gigante que tiene hambre de pescadores descuidados y aburridos. Una canción interminable. Tú presencia y tú ausencia. Millones de amapolas durante todos los meses del año. Cuentos, historias, leyendas, poesías, libros. Bibliotecas de vida. La inmensidad del cielo azul, y de aquel que está lleno de nubes. Piruletas de muchos colores y sabores y un estuche lleno de rotuladores para dibujar y colorear. Un vestido ligero sobre mí, una tarde debajo de una manta en el sofá y un paseo sobre el crujir de las hojas de otoño. Mi mamá. Su tortilla de patatas y una larga conversación con su experiencia. Tú pelo, mi sonrisa y un pañuelo al viento de color marrón con florecitas estampadas. Pesadillas que son mentiras, enormidad gigante para gritar, mariposas de papel que vuelan en silencio hacía mí. Universo paralelo donde importa la fragilidad de un beso en la mejilla, el miedo y la valentía de escribir canciones de amor inadecuadas. Conducir durante horas con las ventanillas bajadas y cantando a pleno pulmón. Abanicos ruidosos que resuenan haciendo volátil el pasado. Dedicatorias insuficientes, parejas inconexas, balcones con flores blancas, pupilas dilatas y un boli rojo para corregir errores. Mi mundo, mi universo paralelo, un lugar para escapar. Una invitación.
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