Había una vez una princesa que, ataviada con su largo vestido azul y una diadema en el pelo, se escondía del tiempo que reclamaba su parte. Detrás de cortinas, bajo la cama o en armarios repletos de zapatos de colores.
Construía palacios con sábanas y allí, reinaba. Besaba sapos y cantaba dulces canciones de amor desde la torre más alta de su castillo. Hablaba con libélulas, mariposas y pájaros para sonsacarles el secreto del vuelo y dibujaba cada noche, una estrella nueva en el cielo.
Un día, cuando una mariposa pequeña pero hermosa bailoteaba junto a su pelo, cerca de su oído, el tiempo, la encontró por sorpresa. Ambos se miraron, y la princesa fue raptada por los segundos, por los minutos y por las horas.
Jamás pudo conocer el secreto. Jamás supo como volar.
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