¿Estás jugando conmigo? ¿Verdad?
Hay veces que saber algo no te hace más fuerte, pero conocer la realidad, lo que pasa exactamente, te da la seguridad de que todo ha ido mal, porque cuando ha ido bien lo sabes, lo notas. Quizás esa seguridad te lleve hacía el camino de estar bien, pero la incertidumbre… no saber qué pasará, simplemente notar que todo va mal y no saber ni siquiera el porqué, te come por dentro. ¿Será por mi culpa? ¿Habré hecho algo mal? Tal vez… pero como no lo sé…
Cuando parece que vas retomando tu vida, haciendo que aquellas cosas que no dejaban de machacarte vayan desapareciendo, el destino, caprichoso y espontaneo te vuelve a situar en el lado amargo. ¿Y qué queda? Pues, supongo que aprender y seguir aprendiendo.
Es curioso como el ser humano tiene esa capacidad extraordinaria de aprendizaje y sin embargo, aprendemos casi siempre por medio del dolor (deberíamos depurar esta técnica). Y curioso, también, como recordamos esos momentos una vez han pasado, es curioso, sin duda.
¡Ay! Amigo destino, me la estás jugando. Tengo que aprender algo ¿verdad?, algo que aún no sé, algo que desconozco. Estoy convencida de que es así.
Supongo que después, cuando todo pase, seré más fuerte y podré superar las cosas malas, no sé si con menos dolor, pero seguro que con más experiencia. Podré volver a correr libremente, sin peso, sin nada que me ate a un recuerdo, a varios momentos y en general, al pasado. Al pasado dónde estabas tú.
Destino, gracias, gracias por todas esas cosas buenas que pusiste en mi camino, pero sobre todo, gracias por todas esas piedras que me hicieron tropezar, aprender y ¡espero! No volver a caer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario