jueves, 26 de febrero de 2015

Plataforma.

Vivir dos días. Vivir literalmente dos días.
He consumido palabras, frases y libros enteros. Los he devorado con hambre ardiente hasta llegar al orgasmo pleno y efímero del conocimiento. He desnudado los números de sus páginas, cada mayúscula, cada rincón en busca de una explicación, de una razón lógica aplicable a su existencia en el mundo, en el planeta.
He leído. He caído en la perdición de inventarme mil historias sobre personas que no existen, de pelo rubio imaginario y ojos azules que conducen al placer infinito donde solo ellos pueden guiarte. He alcanzado ideales confrontados, plataformas diferentes y contradictorias, lugares que existen y a la vez dejan de hacerlo. He llegado a amar, a no querer ver el fin, a vivir su vida en cada trayecto de metro, en cada espera y en cada día de no vida.

Una persona que no lee, está perdida. Tremendamente e irracionalmente perdida. 

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