Soy consciente de que la involución existe. Trato de
inventarme cada día, cada fin de semana y siempre ocurre lo mismo, un
retroceso, un parón sostenido en el tiempo de las decisiones que no tomas, que
no tomo. Una involución constante dentro de mi misma y ya no puedo más… todo mi
cuerpo, mi mente, mi ser, todo mi yo, el ello y lo que demonios haya dentro de
mí dice ¡se acabo!
Es pasado o, eso creo.
No puedo ir despacio porque los abismos no son para ir paso
a paso. Son para tirarse, para empaparse o morirse de frío. Son decisiones, son
la evolución-revolución. Porque siempre, por muy mal que vaya todo, podremos
pasar por debajo de aquella ventana y gritar “¡abuela!” y sabremos que no está
fuera de lugar, que no está en el sitio equivocado y nosotros tampoco. Porque,
por mal que pinten las cosas, podremos ir a la playa y sentir la brisa, ésta no
cederá. Porque seguiremos haciendo el amor y porque, queramos o no,
seguiremos soñando cada noche.
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