miércoles, 19 de septiembre de 2012

El tiempo rápido.

Repartió las migajas de ilusión que quedaban en las horas muertas que lucían vestidos de escayola blanca, preparados para el baile del aburrimiento soberano de la espera, la espera de la ausencia inequívoca del tiempo.
Vi millones de mensajes a destinatarios sin nombre, sin razón ni lógica alguna. Empaqueté todas aquellas palabras en cajas de cartón para guardarlas del polvo y dejar paso al tiempo rápido que invade el viento, las miradas, los versos de tú ausencia y la melancolía de las infinitas despedidas. Me mudé. Traslade todos esos recuerdos lentos al paraíso del escenario presente, y es que en esta obra has modificado todos y cada uno de los significados. Las palabras expuestas en el guión ya no significan lo mismo, no son universales. Tú las dotas del sentido que no tienen. Tú pones la música del silencio que brota en mi cabeza. Creas cada acorde, cada melodía y preparas los segundos, los minutos y las horas para el tiempo rápido, el mismo que hambriento de momentos felices debora con ansiedad las estaciones.
Me sentaré a ver crecer el otoño. 
Siéntate a mí lado, por favor.
¡Qué empiece la función!

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