Siempre he creído en el amor por encima de todas las cosas.
De verdad. El amor es poderoso. Y parece que si lo digo en voz alta se hace más
real, como visible. Comienzan a expandirse sus colores, sus iones, sus
partículas flotantes que envuelven hasta el ambiente más lúgubre y siniestro.
Hasta la oscuridad, le da luz a la oscuridad. Sí. Es justo eso, la luz que
falta en la oscuridad.
Sin embargo, no podría definirlo ni establecer unas
tipologías concretas de amor, pues el amor existe y existe para cada persona de
una forma diferente. En una versión analógica, digital y terrestre del mismo. ¡Incluso
celestial!
La real academia de
la lengua española define el amor como, y cito textualmente: “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia
insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”. Y yo pongo
los puntos suspensivos que faltan… ¡Se me queda corto! Siempre se me queda
corto…
Siempre he creído en el amor por encima de
todas las cosas. No podría ser más verdadera está afirmación. No existe una
energía más poderosa que “eso”. Y sí, lo grita cada poro de mi piel, hierve en
mi interior y lo expreso con cada sonrisa. No podría ser más cierto.
No es complicado, no es difícil, no podría
ser más simple. Llega a ser ridículamente sencillo.
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