Solo quiero sentir, dejarme llevar. Sentir esos segundos de placer para después aterrizar de nuevo en el mundo tras el estallido final.
Me dejaré llevar, lo prometo.
No pensaré. Todo movimiento será un impulso, una respuesta no programada, momentánea, ajena al control calculador y planificado de mi cerebro. Dejaré toda mi piel a la espera, mi olfato, mi vista, mi oído, mi gusto… a la espera de esa sensación, de ese instante, preparando cada célula para el estremecimiento más revelador.
Esperaré ese momento despacio, con calma, poco a poco. Sintiendo. Deseando que no acabe nunca.
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